La tercera mesa redonda, titulada ‘Terrorismo en la memoria: la visión de las nuevas generaciones’, ha contado con la participación de los estudiantes de Periodismo de la UVA Diego Arangüena y Andrea Contreras, y las estudiantes de Derecho de la UVA Laura Pascual y Paula Moratinos, bajo la moderación de la periodista Rosa Masegosa.
Las estudiantes de Derecho han reflexionado sobre la vulneración de derechos de las víctimas, su escaso reconocimiento institucional y la dificultad de hacer justicia ante un atentado terrorista. Por su parte, los estudiantes de Periodismo han lamentado que el terrorismo se haya convertido en una herramienta política. Además, consideran que el tratamiento mediático suele ser superficial, sin profundizar en las historias personales y que no se emplea una terminología adecuada para sensibilizar a los jóvenes. Todos los participantes de la tercera mesa coincidieron en la necesidad de ampliar el tratamiento del terrorismo en el temario educativo, desde los colegios hasta la universidad.
En la cuarta mesa redonda, titulada ‘El papel de las víctimas en la transmisión a los jóvenes de lo que ha sido y es el terrorismo’, varias víctimas han compartido sus testimonios sobre las secuelas que les ha dejado el terrorismo.
Antonio Holgado es víctima del atentado de ETA en la plaza República Dominicana de Madrid. Como consecuencia se aisló de su entorno y centró su vida en el trabajo. Desde entonces sufre un trastorno de estrés postraumático y lesiones físicas irreversibles. Tuvo que recibir ayuda psicológica para poder recuperar su vida. Asegura que “un olor que jamás podré olvidar es el olor a carne humana quemada”.
Fernando Manzanas, víctima del mismo atentado, viajaba en la parte trasera del autobús, que fue la zona más afectada por la explosión. Perdió el 54 % de audición en el oído derecho y el 22 % en el izquierdo. Sufría hipersomnia, llegando a dormir hasta 18 horas diarias, incluso durante el trabajo. Fue declarado incapacitado para seguir ejerciendo como guardia civil. Afirmó que lo que le ayudó a recuperar su vida fue el apoyo de su familia confesando que “lo que más me ha costado ha sido mantener el silencio”, ya que evitó contar su historia a sus hijos cuando eran pequeños para no transmitirles odio.
Fernando Parrado, víctima del atentado en la T4 del aeropuerto de Barajas, explicó que participaba en el desalojo de ciudadanos cuando fue a buscar a una niña que se había perdido de sus padres y, justo entonces, se produjo la explosión que le lanzó contra una cristalera. Aún hoy mantiene el contacto con la menor. Aquel golpe le causó hernias discales y mareos persistentes. Decidió hacerse fuerte, se puso a estudiar para distraerse y aseguró que eso fue lo que le salvó. “El terrorismo es una irrealidad que se convierte en dolor”, afirmó, añadiendo que “hoy todos somos potenciales víctimas del terrorismo”.
Alicia Gómez, hija de una de las víctimas mortales del atentado de ETA en la cafetería Rolando de Madrid, ha incidido su intervención asegurando que “las víctimas somos parte de un colectivo al que nunca habríamos deseado pertenecer”. Recordó que su padre tenía solo 30 años cuando fue asesinado, truncando sus sueños y dejando una familia marcada por la tristeza. Desde ese momento el miedo ha condicionado su vida y la sobreprotección se convirtió en una constante, “estoy condenada a llevar siempre el miedo y el rencor” y asegura que “no hay ninguna causa que sea capaz de justificar un acto terrorista”. También ha criticado el silencio institucional y social hacia las víctimas y ha reclamado su derecho al reconocimiento y al respeto. Asegura que es fundamental que la historia del terrorismo esté presente en la educación para construir un futuro sin violencia.
El acto ha finalizado con la intervención de comisionada para las víctimas del terrorismo en Castilla y León, María Sonsoles Sánchez-Reyes. Ha calificado de esencial iniciativas como esta para que lo jóvenes conozcan la historia de España. Asegura que es obligación de todos hacer ver a los jóvenes que la violencia nunca es el camino.






